El silencio de Hipatia
By Juan Masiá. Filed in Columnas en "La Verdad" |http://www.laverdad.es/murcia/20091105/opinion/silencio-hipatia-20091105.html
MANUEL MARÍA MESEGUER
De Ágora, la espléndida y fría película de Alejandro Amenábar, me sorprendió en su estreno su magnífica factura como filme de masas, el perfil arisco y mesiánico del obispo Cirilo y su tropa de fanáticos cristianos y la descarnada persecución de unas ideas contrapuestas a una cerril creencia religiosa. Después mi estupor fue a más cuando advertí que los fieros rasgos de aquellos cristianos recién salidos de la clandestinidad y el rechazo que sin duda ocasionaban en el espectador de Ágora no producían, como se podía maliciar, ninguna reacción de los estamentos religiosos tan dados a anatemizar los modos y costumbres de la sociedad civil que consideran descarriados, como ya ocurriera con su oscarizada Mar adentro en la que abordaba el espinoso tema de la eutanasia.
Hipatia, la última filósofa y matemática del mundo clásico, fue asesinada por una horda de cristianos exaltados más semejantes a los actuales fanáticos islamistas que a la tropa de mansos de corazón a quienes había ensalzado Jesús en su sermón de la montaña. Y fue asesinada por defender unas ideas que chocaban con el lema «un solo Dios» que espoleaba a las turbas. Para muchos historiadores, aquel acto de cerrazón clausuró las luces del mundo clásico y sumergió a la humanidad en las oscuridades de la Edad Media.
En la historia de la civilización racionalidad y progreso se han ido abriendo paso a machetazos, tratando de eludir las posturas dogmáticas de quienes no admiten cuestionamientos a sus verdades absolutas. Ocurre así en los regímenes dictatoriales en los que las voces de la disidencia acarrean tan apestoso hedor a libertad y pluralidad que el dictador de turno, de izquierdas o de derechas (el bozal es el mismo), se propone como primera medida amputarlas, en ocasiones desde el mismo cuello. Cerca de 150 periodistas fueron asesinados en 2007 y 2008 y cientos de medios de información censurados o directamente clausurados por las autoridades civiles. Una represión que se ha extendido rápidamente a Internet en cuanto se ha descubierto el potencial de libertad que alberga la Red.
No se pueden ignorar ciertamente las persecuciones sufridas por católicos y cristianos en general en países y civilizaciones hostiles. Pero también las instituciones religiosas parecen haberse contagiado de sus perseguidores para tratar de imponer por la fuerza sus propios dogmas que por definición llevan en sí el germen de la intolerancia. Resulta obvio en el extremismo islámico y bastaría recordar la fatua contra el escritor Salman Rushdie o la persecución del autor de las caricaturas de Mahoma para recordar que algunas disidencias si no a la muerte, si te pueden llevar al ostracismo. También en el cristianismo intolerante, empezando quizás por Hipatia, a la que silenciaron de modo cruento, siguiendo con los lóbregos siglos de la Edad Media y el Santo Oficio, hasta los actuales dictados de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Precisamente la obsesiva preservación de la doctrina puede terminar acallando a un personaje de la talla del jesuita murciano Juan Masiá Clavel, experto en Bioética, residente en Japón y colaborador de medios de comunicación, La Verdad entre ellos, a quien la edición de sus Tertulias de Bioética le costó la cátedra en la Universidad de Comillas. Sus opiniones expresadas en artículos, blogs y páginas web le han acarreado tan severo correctivo de sus superiores que ha escandalizado a la comunidad cristiana de base que le presta su apoyo. Será interesante asistir al desarrollo del acoso y calibrar el alcance de los nuevos medios de silenciar las ideas, mucho más sutiles que los que se utilizaron para silenciar a Hipatia.
m.meseguer@telefonica.net


